Según Gerald Holton, el 7% de la población estadounidense no sabe qué es la ciencia y el 13 % no comprende cómo funciona. Ante tamaña noticia no caben dudas de la urgente necesidad de explicar a nuestros niños y jóvenes y ¿por qué no? al resto de la sociedad, sobre qué es la ciencia y cómo funciona.
No existe una definición clara, como tampoco se admite que haya una sola ciencia, sino tantas como problemas se presenten en los diferentes sistemas. De modo que, entendida como tratado, el estudio aplicado a la materia conforma una ciencia física, si se trata de un sistema de ideas, diremos que es una ciencia humanística o filosófica y sería una ciencia biológica si trata de seres vivos.
Lo que diferencia a la ciencia física de las ciencias humanísticas, aparte del sistema que le atañe, es que sus conclusiones no son absolutas ni eternas y la mayoría son potencialmente refutables. En cambio las ciencias humanas carecen de una metodología rigurosa y sus leyes, si las hay, son principios convencionales con conclusiones basadas más en opiniones de la autoridad que la emite, que en la comprobación verificable de sus fuentes. El filósofo alemán Hans Gadamer admite que la verdad está íntimamente ligada al método utilizado y advierte que la interpretación de datos y conclusiones, deben evitar las arbitrariedades de los hábitos mentales. Nexo inextricable entre la ciencia y la filosofía.
La filosofía como disciplina argumental, no tiene un límite temático, todo le pertenece, porque ningún problema humano le es ajeno. Tal vez por ello ha sido considerada como la ciencia humanística por excelencia, de la que derivan todas las demás, incluso la ciencia física, a la que debiera considerarse como filosofía aplicada, del mismo modo que a la tecnología se la considera como ciencia aplicada. La rama de la filosofía que se encarga de estudiar el conocimiento científico, esto es, el entendimiento sobre la estructura y funcionamiento de la ciencia y sus métodos, es la epistemología, que no debiera confundirse con la doxología, la teoría general del conocimiento.
Se dice que toda ciencia depende de sus métodos y éstos de las conclusiones filosóficas nacidas de la razón lógica, aunque el concepto científico inicial parta de una conjetura o hipótesis observacional o de una idea intuitiva o de la imaginación. El desarrollo de la teoría responde a dos líneas lógicas, la del método inductivo donde desde los hechos observados se formulan leyes generales cuyo contenido abarca más que las premisas que la formulan, lo cual origina un campo de conocimiento mayor y progresivo. El otro es el método deductivo que parte de leyes conocidas y de ellas se infieren conclusiones particulares, específicas y determinadas pero que no producen nuevos conocimientos, sino una mayor certeza y profundidad de la teoría original. Observar que los objetos caen permitió inferir la teoría gravitacional universal. Pero al comprobar que los objetos en movimiento en el espacio soportaban fuerzas gravitacionales distintas permitió profundizar y modificar esa Ley.
Las conclusiones científicas son distintas de las humanísticas. La certeza científica es una correspondencia consensuada con la realidad percibida. Las creencias humanas, afirmadas en el dogma, son la aceptación de una verdad que no puede ser refutada jamás, si así fuera, dejaría de ser dogma. De modo que la ciencia se fundamenta en la interpretación metódica de conceptos, palabras, signos y símbolos, y es debido a esa hermenéutica empírica que la ciencia le debe a la filosofía su propia existencia, su razón de ser y su porvenir. Si la ciencia prescindiera de la filosofía, sucedería lo mismo que le ocurre al hombre cuando pierde la razón. Se convertiría en un método anárquico cuyo producto final sería un conocimiento alienado y sin sentido. Y el mundo, en un mundo orweliano.
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