La ciencia y la tecnología han hecho que el mundo del siglo XIX sea en el XXI, una pequeña aldea. Un barrio en la periferia del globo terráqueo. Aquella fue una época donde el tiempo se estiraba interminablemente. Cada suceso o actividad por banal que fuera, como vestirse, alimentarse o transitar de un lado a otro de la ciudad demandaba gran parte del día, cuando no, el día entero. La lectura era, además de grata, una forma usual de aprovechar las horas y de matar –real y literalmente- el tiempo. Así, en el “Ulises”, James Joyce narra todo lo que pudo sucederle a Harold Bloom durante un día de su vida y el francés Marcel Proust narra toda una vida en su formidable y nunca terminado “En busca del tiempo perdido”. La velocidad con que consumimos hoy el tiempo, sin lograr provecho ni calidad de vida, es otra paradoja de nuestra cultura virtual. Vivimos borrachos de tiempo barato y en la resaca dejamos de lado familia y sociedad.
Es en esta tiranía obscena donde la humanidad, como en las esquizofrenias, ha perdido la sintonía consigo misma. Saramago dice que vivimos en un mundo donde se ha hecho cómplice a la víctima. Estiraría un poco más los alcances de tal acierto y diría que el Nosotros ha pasado a ser víctima del Yo. Se acabó aquello del retorno al buen salvaje. El cuerpo beodo de nuestra civilización cínica está allí, estirado a lo largo del planeta como un árbol carcomido por termitas. De las sociedades utópicas, soñadas desde una realidad de la que el individuo luchaba por escapar con la incruenta ayuda de la pluma, nació la primera utopía: la monoteísta y de ella, el primer libro fantástico (la Biblia). Una respuesta del Uno capaz de explicar todo, contra el capricho demasiado humano de aquellas inocentes deidades veleidosas que jugaban con el destino humano, tal como Homero hiciera con Odiseo en otra βiβλía narrada desde el otro lado del Ser: el humano.
Del fracaso de la filosofía escolástica, donde la razón se independiza de la fe, nace la Ilustración. Fue en ese tiempo de las luces -que describe el genio de Quevedo- cuando del pecho de los ladrones se colgaban las cruces. La diosa Razón destrona al Dios Uno. Es allí, en la razón, donde se crea la máquina que convierte las utopías en realidades, mientras la fe las vuelve a retornar en utopías. ¿Qué otra cosa han sido el telégrafo, el teléfono, la TV, el avión, la computadora, sino sueños convertidos en realidades, es decir ideas que parieron hechos u objetos que existen en el tiempo real de una vida casi virtual? ¿Qué cosa puede ser la tecnociencia sino una fábrica de utopías? Allí está la genética, creando moléculas o enzimas que la naturaleza en su perpetua evolución todavía no ha inventado (The Scientist, Julio 2006).
A través de Neco Endara, amigo real en esta vida incierta y maestro del mundo esotérico de la literatura, recibí un diálogo de esos que nada tienen que envidiarle a Platón. Es un reportaje a Peter Sloterdijk. El tema trata sobre la utopía y los psicólogos. Este filósofo alemán es autor, entre otras, de “Crítica de la razón cínica”, obra saludada nada menos que por Jürgen Habermas como “el acontecimiento más importante en la historia de las ideas desde 1945”. Para resaltar: “Las utopías no emanan ya del interior de las personas, sino de fuera de ellas. Este tipo de utopías conduce, por lo demás, a una nueva situación social, en que las utopías colectivas se ven reemplazadas por otras individuales a las que llamamos éxito…La de hoy, es una utopía que ha perdido su inocencia. Ya no opera en un descenso al inconsciente, ahora ésta se fabrica su propio inconsciente artificial”. Y termina con este colofón que nos viene como anillo al dedo. “La realidad de este mundo esquizofrénico tiene su parte irónica, ironía que puede salvarnos cuando nos enfrentamos a una nueva propuesta. Porque en ese ámbito, el de el sometimiento permanente a las proposiciones, estamos condenados a escoger siempre entre un sí y un no.”
Tal parece ser nuestra futura moraleja: Una ironía. Burla de augures que proclaman su voto públicamente con la retórica que afirma lo contrario que se dice. Ínfulas de Homero, en esta odisea diaria de convivir con los utópicos del éxito, aferrados como están a un sistema con la solidez de las burbujas y certero como vaticinio de nigromantes.
viernes, 14 de enero de 2011
miércoles, 12 de enero de 2011
Bienvenidos
Bienvenidos a este blog. Aunque mi interés es variado, prefiero los temas literarios, científicos y de la actualidad general. No estaría de más recalcar que el intercambio de información y de ideas o discusiones se ciñan a las buenas costumbres con un lenguaje claro, veraz y respetuoso.
El nombre me vino desde que observé una manta hecha de retazos y colores que parecían un boceto meditado sobre una abstracción, sin otro mensaje que su valor estético.
Comenzaré por proponer ideas sobre cuánto hay de cierto en la afirmación de que un pesimista es un optimista bien informado.
Nos vemos pronto.
JotaC
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